No escribo estas palabras movido por el deseo de violencia ni por el odio personal.
Las escribo porque considero que una nación merece algo más elevado que la obediencia automática al partido que circunstancialmente ocupa el poder.
México no pertenece a Morena.
México tampoco pertenece a Claudia Sheinbaum.
México pertenece a generaciones de mexicanos que lo recibieron de sus padres y que deberán entregarlo, engrandecido y libre, a sus hijos.
La Patria no es el Gobierno
Hay una confusión particularmente peligrosa en toda democracia: creer que cuestionar al gobernante equivale a cuestionar a la patria.
Nada más falso.
El Presidente administra temporalmente el Estado. No es dueño de México.
Por ello puede respetarse profundamente la bandera, emocionarse ante el Himno Nacional, honrar a las Fuerzas Armadas y amar a México y, simultáneamente, ejercer una oposición implacable contra quien gobierna.
México sobrevivirá a vuestro gobierno.
El crimen organizado: aquí no caben consignas
El Estado tiene una obligación anterior a casi todas las demás: garantizar que el ciudadano pueda caminar por su tierra sin pedir permiso al delincuente.
No basta con discursos.
Tampoco sería intelectualmente honrado negar cualquier resultado favorable cuando éste pueda demostrarse. Toda cifra positiva debe ser reconocida y sometida después a la pregunta verdaderamente importante:
Mientras existan territorios donde los criminales puedan intimidar empresarios, asesinar ciudadanos, desaparecer personas o desafiar abiertamente al Estado, la victoria todavía no existe.
La autoridad legítima no consiste en ejecutar delincuentes sin juicio.
Consiste en algo más difícil: encontrarlos, detenerlos, desmantelar sus estructuras financieras, romper sus redes políticas, llevarlos ante tribunales capaces de condenarlos y asegurarse de que una sentencia realmente se cumpla.
Ni impunidad ni acusaciones sin pruebas
Mucho se ha dicho sobre Morena, López Obrador, sus familiares y los posibles vínculos entre políticos mexicanos y organizaciones criminales.
La oposición cometería un error gravísimo si transformara cada sospecha en sentencia.
Si existen fortunas inexplicables, que se investiguen.
Si existen contratos irregulares, que se publiquen.
Si existen transferencias, sociedades, prestanombres o conflictos de interés, que se documenten.
Y si existe responsabilidad penal, que un tribunal independiente dicte sentencia.
Nuestra vara debe ser más alta precisamente porque pretendemos exigir una vara más alta al gobierno.
La política exterior no es una reunión de simpatías
México posee una larga tradición diplomática de asilo, soberanía y no intervención. Esa tradición merece respeto histórico.
Pero ninguna tradición diplomática debe quedar exenta de examen.
La pregunta legítima no es si México debe abandonar el asilo.
La diplomacia mexicana debe relacionarse con gobiernos de izquierda, derecha, monarquías, repúblicas y cualquier otro régimen reconocido cuando el interés nacional lo requiera.
Pero México no necesita tutores ideológicos en La Habana, Caracas, Washington, Madrid ni ningún otro lugar.
La fe y la memoria histórica
México es constitucionalmente un Estado laico.
Por tanto, la religión personal de quien ocupa la Presidencia no constituye por sí misma argumento alguno contra su legitimidad política.
Pero la laicidad tampoco exige borrar la historia.
Gran parte de la civilización mexicana resulta incomprensible sin reconocer el papel histórico del catolicismo.
Guadalupe, las misiones, las universidades, los hospitales, las catedrales, las fiestas, el arte virreinal y una enorme parte del lenguaje moral mexicano forman parte de esa herencia.
Obliga simplemente a no mutilarla.
El gobernante no es la Corona
Aquí aparece una de las discrepancias más profundas con el presidencialismo republicano.
Cada seis años México deposita enormes expectativas simbólicas en una nueva figura presidencial, para después recordar que se trata solamente de un funcionario temporal.
Tal vez convenga separar nuevamente las funciones.
⚔ El Gobierno administra.
⚖ El Parlamento legisla.
🏛 Los jueces juzgan.
🛡 Las Fuerzas Armadas defienden.
♛ La jefatura del Estado representa continuidad.
Y entonces pueden plantearse preguntas que México dio por cerradas hace dos siglos:
¿Debe coincidir necesariamente con la jefatura de Gobierno?
¿Puede una monarquía constitucional proporcionar continuidad histórica sin destruir la soberanía popular?
No se exige aceptar esas respuestas de antemano.
Se reclama simplemente el derecho intelectual a volver a formular las preguntas.
No queremos verdugos
Aquí debe establecerse un límite absoluto.
No queremos fusilamientos políticos.
No queremos cárceles para quien piense diferente.
No queremos sustituir una hegemonía por otra.
Una nación que necesita matar al adversario político para demostrar que tiene razón ya ha confesado su derrota intelectual.
Si Claudia Sheinbaum está equivocada, que sea derrotada mediante argumentos y votos.
Si Morena gobierna mal, que pierda elecciones.
Si un funcionario roba, que sea investigado y juzgado.
Si un político colabora con organizaciones criminales y puede demostrarse ante un tribunal, que conozca todo el peso de la ley.
La verdadera aniquilación política
Aniquilar políticamente una doctrina no significa aniquilar a sus partidarios.
Significa hacerla innecesaria.
Construir una alternativa tan competente que el ciudadano abandone voluntariamente aquello que antes defendía.
Una oposición digna no dice:
Dice:
Orden frente al crimen.
Mérito frente al clientelismo.
Instituciones frente al caudillismo.
Historia frente a la amnesia.
Justicia frente a la venganza.
Verdad frente a propaganda.
Servicio frente a privilegio.
Ésa sería una victoria mucho mayor que cualquier revancha.
La Nación permanece
Los gobiernos pasan.
Los partidos pasan.
Los presidentes pasan.
Incluso las constituciones cambian.
Pero una nación que conserva memoria, justicia y dignidad puede atravesar siglos.