MI RENUNCIA DEFINITIVA A LA MASONERÍA

Una decisión de conciencia, de fe y de convicción

No Mason

Durante muchos años sentí una profunda atracción por la masonería. Mi interés nació de mi historia familiar, del estudio de la filosofía y de las antiguas tradiciones iniciáticas. Creí que allí encontraría respuestas definitivas sobre la verdad y el sentido de la existencia.

Con el paso del tiempo comprendí que ninguna búsqueda intelectual podía ocupar el lugar de Jesucristo. Mi regreso a la Iglesia Católica me llevó a revisar mis convicciones y a reconocer que mi fe debía ser íntegra, sin dividir mi lealtad espiritual.

Mi renuncia no nace del odio hacia los masones. Conocí personas honorables y reconozco que muchas buscan sinceramente hacer el bien. Sin embargo, entendí que la verdad revelada por Cristo no necesita completarse mediante sistemas iniciáticos ni grados de conocimiento reservados.

También reflexioné sobre la influencia histórica de la masonería en numerosas repúblicas modernas. Reconozzco esa participación histórica, pero mi visión política es distinta. Aspiro a una sociedad donde el liderazgo sea consecuencia del mérito, la virtud, la preparación y el servicio al bien común. No una aristocracia hereditaria, sino una meritocracia auténtica que premie la excelencia y no la mediocridad.

Considero que la prolongada confrontación entre la masonería y la Iglesia ha representado, en muchos momentos, una lucha de poder que ha producido más división que beneficio. Mi decisión no pretende alimentar esa confrontación, sino poner fin a ella en mi propia vida.

Hoy elijo seguir únicamente a Jesucristo. Renuncio libre y definitivamente a toda vinculación con la masonería porque deseo que mi inteligencia, mi voluntad y mi conciencia pertenezcan solamente a Dios.

«Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.»
Juan 14:6

Señor Jesucristo, recibe esta decisión como un acto de libertad y de fe. Que todo conocimiento que adquiera en adelante esté siempre al servicio de la verdad, de la caridad y de tu Reino. Amén.