Yo vengo de viento viejo, de cruz, espada y paloma, de olivares que susurran y guitarras que enamoran. Traigo el oro del ocaso de tierras de la Corona, donde el honor era ley y la palabra, victoria. Pero en mi pecho se escucha otro pulso, otra memoria: el tambor del sol antiguo, la serpiente y la mazorca. Soy hijo de dos reinos, dos sangres y una corona: España con su hidalguía, México con su aurora. En mi voz canta Castilla, en mi alma arde Maya, y cuando rezo en silencio, la Virgen habla en náhuatl. Tengo duende en la mirada, charro, torero y volcán, y aunque llevo cruz en el cuello, también llevo jaguar ritual. Y así camino la vida con mi fe como señal: caballero castellano por linaje, mexicano por eternidad.