El azul se dobla como un río que aprendió a rezar, y el dorado lo escolta, firme, como un borde de sol para que el agua no se pierda. Hay un vaivén de cuerpo y paisaje: parece cintura, parece acantilado, parece ola… y al final es lo mismo: la forma buscando sentido.
Mirarlo es entender que lo recto es para mapas; lo vivo, en cambio, siempre va serpenteando.