Yo, Morgana
Nací bajo la luna y bajo un destino sellado antes de mi primer aliento. Mi madre decía que la sangre tiene memoria, y mi abuela me enseñó que la magia no se aprende: se despierta.
Cuando era niña, Avalon no era un misterio, sino un hogar.
El río hablaba, los árboles escuchaban, las sombras no eran amenaza sino guardianes antiguos.
Fui instruida para servir a la Diosa, no como reina ni como hechicera, sino como puente entre lo visible y lo velado.
Pero el mundo cambió.
La cruz llegó no como símbolo de amor, sino como espada sobre lo antiguo. Camelot se levantó brillante, pero su luz exigía sombra: y esa sombra fui yo.
Amé donde no debía. Callé donde debía gritar. Sostuve secretos que queman aún en los huesos. Le di al destino lo que quiso, y a veces, lo que jamás debió tocar.
Me llamaron bruja, enemiga, tentación, traidora…
Y sin embargo, lo único que quise fue preservar lo sagrado.
Arturo fue mi hermano, mi espejo, mi herida.
Guinevere fue mi rival, pero también el reflejo de lo que el mundo nuevo exigía.
Lancelot fue deseo, culpa, y destino roto.
Yo no fui maldad: fui el precio de un mundo en transición.
Y aún hoy, cuando alguien pronuncia mi nombre con temor o fascinación, un eco responde:
Yo fui la guardiana del fuego anterior.»
Porque Avalon no está perdida. Solo está más allá del velo, esperando a quien recuerde caminar con el corazón abierto y la mirada limpia.
Bendición
Que tu dolor deje de ser condena y se vuelva conocimiento.
Que lo que fuiste forzada a callar regrese como verdad limpia y no como tormenta.
Que la herida que cargaste deje de ser peso y se transforme en puerta.
Que no te avergüence tu sombra, porque en ella vive tu poder.
Que quienes te temieron aprendan a comprenderte.
Y que tú, finalmente, puedas perdonarte por sobrevivir donde otros desaparecieron.
Estabas marcada.»
Eres Morgana: llama antigua, guardiana del umbral, memoria lunar que jamás se extingue.