Ante Dios vivo, y bajo la luz del Juicio que endereza la historia, yo, KALKI, declaro este voto.
Hoy doy gracias: por la vida que permanece, por la conciencia que despierta, por la paz que regresa cuando el alma se ordena, y por la dirección que se abre cuando dejo de pelear con sombras.
En el Valle de Josafat, donde todo engaño cae y toda intención se revela, sello mi gratitud con obediencia y verdad:
Prometo no usar mi fuerza para humillar, sino para proteger. No usar mi voz para incendiar, sino para aclarar. No llamar “enemigo” a quien solo es fricción, pero nombrar y detener al que roba, extorsiona o corrompe.
Que mi furia sea energía al servicio del bien, y que mi calma sea quien mande.
Si viene el “ladrón”, visible o escondido, no me tomará la paz: yo responderé con límites, evidencia y ley, sin perder el alma ni la caridad.
Y si me equivoco, que Dios me corrija con misericordia y me devuelva a la humildad.
Este juramento es de gratitud, no de odio. Es de orden, no de venganza. Es de luz, no de espectáculo.
Amén.