Géminis en Fuego
Almas Gemelas en Cenizas
Dicen los antiguos que Géminis nunca llega solo. Siempre viene acompañado por un reflejo: la risa y la memoria, la luz y la duda, dos almas jugando a reconocerse a través de los siglos.
Cuando el fuego toca a Géminis, las palabras se vuelven brasas y las miradas, chispas que prenden destino. No se aman con calma: se incendian. No construyen casa: encienden templo. No prometen para siempre: arden en un ahora absoluto.
Al encontrarse, las dos almas gemelas sienten un “ya te conocía” que viene de otras vidas. La pasión sube como llamarada que no pide permiso ni explicación. Todo se acelera, todo vibra, todo quema.
Pero ningún cuerpo sostiene eternamente un fuego tan alto. Llega el momento en que la historia no cabe en la vida humana y el incendio sagrado reclama su precio: silencio, humo y cenizas.
No es que se haya terminado el amor; al contrario: fue tan grande que tuvo que romper la forma. Las almas gemelas, consumidas, comprenden al final que no vinieron a durar, sino a despertar.
Entre las cenizas, donde otros solo ven pérdida, Géminis reconoce el inicio. Porque sabe que lo que arde vuelve transformado: chispa nueva, cuerpo nuevo, vida nueva. Algún día, en otro lugar, otra voz dirá: “Te reconocí antes de que llegara el fuego.”