Sagitario en Agua
El Regreso al Corazón
Cuando el arquero deja de huir
Después de muchos caminos, victorias, errores y horizontes perseguidos, Sagitario llegó por fin a la orilla de un lago silencioso. No buscaba respuestas, ni mapas, ni señales en el cielo. Esta vez buscaba algo más difícil: reencuentro.
El agua lo miraba sin juicio. No le pedía ser fuerte, ni heroico, ni maestro. Solo le pedía algo que el fuego nunca le exigió: honestidad. Sagitario apoyó el arco en la hierba, se sentó y dejó que el pecho, por primera vez en mucho tiempo, se aflojara.
Recordó rostros que dejó atrás, palabras que dijo con demasiada prisa, promesas que el viento se llevó. Entendió que no todas las heridas venían de la maldad; muchas nacieron de la prisa por avanzar. El agua, paciente, le mostró que la vida no es línea recta, sino marea.
Allí comprendió tres verdades suaves:
— No todo lo que terminó estaba perdido, algunas cosas sólo esperaban tiempo.
— No siempre fue el héroe, pero tampoco el villano.
— El reencuentro más importante no era con otros… sino consigo mismo.
Cuando las lágrimas se mezclaron con el lago, Sagitario sintió algo nuevo: su risa seguía ahí, pero ahora era más suave; su verdad seguía viva, pero había aprendido a no lanzarla como flecha, sino a ofrecerla como mano extendida.
“No vine a ganar — pensó, mirando el reflejo en el agua —. Vine a sanar.”
Y el lago, en silencio, lo recibió como se recibe a quien por fin decide volver a casa.